Un poquito de historia de la alimentación humana.
Un poquito de historia de la alimentación humana.

Un poquito de historia de la alimentación humana.

Un poquito de historia de la alimentación humana

¿Hemos comido siempre igual? Desde luego que no. Los humanos llevamos unos cuantos años en la tierra y los cambios sufridos marcaron las pautas de nuestra alimentación.

En los orígenes de aquellos primates que habitaban la tierra, de los que descendemos, disfrutábamos de un paisaje tropical, abundancia de frutas, hojas verdes y tiernas raíces, todo al alcance de la mano sin la necesidad de esfuerzo alguno, y por ello, no existía la necesidad del consumo de grasas o proteínas de origen animal, los primates se pasaban las horas en la copa de algún árbol comiendo exquisita fruta madura y algún que otro bichillo.

Un poco más tarde, hace unos 4 millones de años (que se dice poco) el clima comenzó a cambiar, y la selva tropical a la que estaban acostumbrada sus lugareños empezó a secarse, generando una escasez de vegetales. Aquellos primates comenzaron a bajar de los árboles en busca de comida, evolucionando a los primeros homínidos arcaicos, que con la escasez y la obligación de cambiar su alimentación, hasta ahora vaga y sin trascendencia, dieron el salto al primer homínido bípedo, el Australopitecos. La pobreza y escasez de comida le obligó a desplazarse en busca de ella, lo que provocó la bipedestación y la postura erguida, y de la misma manera su mandíbula y dentición se acondicionó a la masticación de raíces y vegetales más arbustivos.

En los siguientes 3 millones de años, la cosa no mejoró, estepas arbustivas y sequías constantes azotaban la tierra, escaseando aún más los alimentos. Es en este momento, cuando los homínidos, primero el Hábilis, y más tarde el Erectus (entre otros muchos), comienzan a practicar la carroñería. El uso de pequeñas herramientas y utensilios como piedras les ayudaban a romper los huesos que dejaban otros animales después de la caza para alimentarse, entre otros, del tuétano, el diamante en bruto para estos hambrientos personajes. Para ellos suponía un aporte calórico muy alto y necesario en el mantenimiento de la vida y la posibilidad de almacenamiento de grasas para momentos posteriores de escasez.

Esta casualidad de almacenamiento de grasas que el homínido desarrolló, inexistente en los primates, se conoce como “genotipo ahorrado” basado en una insulinorresistencia y leptinorresistencia, una mutación genética favorable que permitiría disponer de energía almacenada para momentos de carencia. Esta evolución, es la que en la actualidad provoca la obesidad y las enfermedades metabólicas que como una epidemia, se expande fuertemente entre la población mundial.

Más cercano a nuestra época, unos 200 mil años, encontramos el Homo Sapiens, el cual gracias a la caza y la pesca, y finalmente con un encéfalo más desarrollado consecuencia del consumo prolongado de omega 3 y proteínas (entre otros), abandonó las estepas africanas y comenzó su camino a la colonización de nuevos territorios en Europa y Asia, acompañados eso sí, de una glaciación de la tierra que no finalizaría hasta 15 mil años antes de nuestra era; momento que se marca como el inicio de la agricultura y ganadería, aumentando la disponibilidad de alimentos y favoreciendo los asentamientos y la civilización tal y como la conocemos.

Es importante destacar y hacer hincapié en el papel fundamental que tuvo en su día el consumo de alimentos de origen animal, en concreto la carne y el pescado, para el desarrollo del encéfalo y la supervivencia de la especie humana, pero también es importante poner en contexto, que aquellos homínidos no superaban la gran mayoría los 40 años de edad y tenían una demanda energética desmesurada que justificaba su alimentación.

Y a día de hoy, ¿justifica nuestra forma de vida la alimentación que llevamos? ¿O la condiciona de forma negativa? ¿Somos conscientes de nuestras necesidades nutricionales y energéticas?

Si quieres profuncizar más en el modelo actual alimentario y cómo este nos condiciona dando un repaso a la evolución nutricional, puedes encontrar más información en el estupendo libro de José Enrique Campillo (2012) El mono obeso, La evolución humana y las enfermedades de la opulencia: obesidad, diabetes, hipertensión, dislipemia y aterosclerosis, Grupo Planeta. Del cual he sacado parte de la información aquí expuesta.

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